¿Cómo influye el tabaco en el peso corporal?

septiembre 11, 2013

Dada la importancia que en la mayor parte de las sociedades occidentales se da al poseer una imagen corporal estilizada, la relación entre el tabaco y peso influye notablemente en que determinadas personas, sobre todo mujeres, adquieran el hábito tabáquico y/o sean especialmente reticentes a abandonarlo. El componente principal del tabaco que se relaciona con el peso es la nicotina. La nicotina es una sustancia psicoactiva, una droga, que no solamente es adictiva sino que también es tóxica, pudiendo en dosis muy elevadas llegar a ser letal.Para profundizar en cómo la nicotina influye en el organismo debemos tener claro qué factores determinan el peso corporal de un/a sujeto.


Como podemos ver en gráfico en el peso influyen el balance energético y la herencia genética. En el balance energético se tiene en cuenta la entrada energética y el gasto energético. Si el resultado de dicho balance es positivo estaríamos hablando de incremento ponderal en un/a individuo/a.
En la Ingesta de los alimentos, no todos aportan la misma cantidad de calorías:

  • las grasas: 9 kcal/g.
  • las proteínas: 4 kcal/g. 
  • los carbohidratos 4 kcal/g.
  • la fibra: 1,5 kcal/g.  
  • el Alcohol: 7 kcal/g.

Como podemos comprobar son las grasas seguidas del alcohol lo que más aumenta las calorías de nuestra ingesta corporal, frente a los mal considerados carbohidratos.
Respecto a los factores que influyen en el Gasto energético debemos tener claro lo siguiente:

  • La Tasa metabólica basal (TMB): hace referencia a la cantidad de energía requerida por nuestro organismo en condiciones de reposo absoluto y a una temperatura constante. Por tanto, es el consumo que hace nuestro organismo en reposo.
  • El Efecto Térmico de los Alimentos (ETA): es el coste metabólico necesario para el manejo y almacenamiento de los nutrientes ingeridos.
  • El nivel de actividad física (NAF) de un/a individuo/a se calcula mediante la relación entre el gasto energético total (GET) sobre el basal (GEB), por tanto GET/GEB=NAF

La nicotina influye en el balance energético del siguiente modo:


La nicotina estimula la liberación de serotonina y catecolaminas, neurotransmisores que actúan a nivel del Sistema Nervioso Central (SNC) y el Sistema Nervioso Periférico (SNP), modulando el balance energético debido a su influencia sobre la entrada energética y el gasto energético. 

En el caso de la serotonina, estaríamos hablando de un neurotransmisor relacionado con el control del apetito, la saciedad y regulación del sueño. El aumento que  se produce por acción de la nicotina inhibe la ingesta en los/as fumadores/as, sobre todo del consumo de carbohidratos y grasas 5, 6, justamente aquellas sustancias cuyo consumo también actúa incrementando su liberación tanto en fumadores/as como no fumadores/as (Wurtman y Wurtman, 1989). Por tanto, quizás podría decirse que el/la fumador/a al consumir menos carbohidratos y grasas 5, 6, a nivel cerebral estaría sustituyendo estos productos por la nicotina para mantener unos niveles estables de serotonina. 

Por otro lado, las catecolaminas son un grupo de neurotransmisores formado por dopanina, adrenalina y noradrenalina que actúan sobre el SNP aumentando la TMB (Benowitz, 1988), lo que trae como consecuencia un aumento del gasto energético.

La nicotina también produce un aumento del consumo de oxígeno en el organismo, aumentando los niveles de monóxido de carbono en sangre de el/la individuo/a y produce la liberación de una proteína llamada leptina, la cual posee también un efecto inhibidor sobre la ingesta y estimulador del consumo energético (Hodge A.M y cols 1997).La influencia de estos neurotransmisores hace que la media que diferencia a los/las fumadores/as de los no fumadores/as sea de aproximadamente 3 kg (kesgles y cls 1989). Sin embargo, este efecto de la nicotina sobre el organismo, no es progresivo, si no que una vez que éste se acostumbra a una dosis de nicotina el peso se mantiene estable, sobre todo si no se modifican los otros factores que influyen en el balance energético. Tampoco hay que olvidar que la liberación de estas sustancias a través de la nicotina tiene efectos muy perjudiciales en el organismo:

  • En el caso de la serotonina, estaríamos aumentando sus niveles de un modo artificial, produciendo un desequilibrio que podría afectar a nuestro estado de animo, ansiedad, sueño e ingesta una vez que abandonamos el tabaco. Además, la ausencia de la dosis habitual de nicotina que inhala un/a fumador/a produce en el exfumador/a la necesidad de consumo de carbohidratos y azúcares simples, que también ayudan a liberar dicho neurotransmisor, influyendo por tanto en el aumento de peso de las personas que abandonan el consumo.
  • En relación a las catecolaminas, pese a que influyen en la TMB, lo hacen produciendo un aumento de los triglicéridos, ácidos grasos libres y glicerol, dando lugar a un aumento del “colesterol malo” (LDL) y disminución del (HDL) o “colesterol bueno”, lo que afecta, a su vez, al aumento de la tensión arterial y la predisposición de enfermedades cardiovasculares.Teniendo en cuenta que dejar de fumar disminuye entre un 0 y 10% la TMB (Perkins KA, 1992), queda claro que dicha estimulación no compensa los perjuicios que produce el tabaquismo (cáncer de pulmón, esófago, garganta, lengua, laringe, vejiga, páncreas, enfermedades respiratorias como el EPOC, etc…)  

En resumen, aunque casi el 80% de los/las fumadores/as que abandonan su consumo, ganan peso (USDHHS, 1990), conviene saber que  no estaríamos hablando tanto de un “aumento de peso” como de un “retorno al peso” que tendría cada persona si nunca hubiese fumado y que esa ganancia ponderal en los exfumadores se estabiliza pasados 6 meses y/o disminuye ligeramente. Por tanto, el supuesto aumento ponderal producido por la cesación tabáquica, nunca sería una razón suficiente para no dejar de fumar, ya que ni su consumo ni su abstinencia, afectarían tanto como la adquisición de otros hábitos saludables en la vida de el/la individuo/a para controlar su peso. De hecho, el consumo de una dieta equilibrada y el ejercicio físico es el mejor modo de controlar nuestro balance energético. Así que si usted desea dejar de fumar, tenga en cuenta que:

  • Una dieta equilibrada incluye el consumo de carbohidratos y  triptófano (precursor de la serontonina). 
  • Alimentos como la leche, yogures, queso, salmón, plátanos, espárragos, cereales, huevos, nueces, pavo, arroz, pasta, chocolate, cereales, avena…pueden ayudarnos a modular la posible bajada de serotonina tras el abandono. 
  • Se recomienda consumir aquellos que sean más calóricos en el desayuno ya que, al ser el momento en el que los niveles de este neurotronsmisor están más altos en el organismo, nos ayudaría a mantenerlos más estables a lo largo del día y podríamos quemarlos con mayor facilidad, evitando que tengamos una mayor predisposición a fumar o en su defecto a darnos un atracón de carbohidratos y dulces, debido a que los niveles de serotonina son inferiores al llegar la noche.
  • El ejercicio físico posee una influencia muy positiva que afectaría tanto al aumento del gasto energético como a la regulación del estado de ánimo y la ingesta, ya que también aumenta de un modo natural la producción de serotonina y otros neurotransmisores en el organismo.

 

 

 

 



 

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