La funcionalidad de las emociones: el valor de la “vulnerabilidad”.

cerebroLas emociones consisten en patrones de respuestas fisiológicas y de conductas, que van acompañadas de sentimientos positivos o negativos. La mayoría de las personas utiliza la palabra emoción para referirse a los sentimientos y presta menos atención a la parte fisiológica y conductal de las mismas. Sin embargo, son esas conductas y reacciones las que tienen especial relevancia en nuestra supervivencia.

Las emociones están en el cerebro, específicamente en el neocórtex y en el sistema límbico. El neocortex es la parte inteligente y voluntaria del cerebro. El sistema límbico es un complejo de neuronas constituído por varias partes: tálamo, hipotálamo, amígdala e hipocampo. Funciona en parte de manera autónoma y este funcionamiento es inconsciente. Sus funciones implican analizar los estímulos que provienen de los sentidos, evaluar si son perjudiciales o beneficiosos y dar órdenes al cuerpo para que responda de manera ajustada.

Walter Cannon, introdujo el término estrés para referirse a la reacción fisiológica que se produce ante la percepción de situaciones adversas o amenazadoras. Hoy en día, se sabe que el estrés puede ser claramente peligroso para nuestra salud. Ante una situación que interpretamos como peligrosa nuestro cuerpo se activa en una respuesta de lucha o huída, produciendo modificiaciones conductuales (apretar dientes, puños…), autónomas (aumento frecuencia cardíaca, respiración, sudor…) y hormonoales (liberación adrenalina, noradrenalina y glucocoriticoides). Esta respuesta, por tanto, es adaptativa y útil y no daña nuestro organismo, siempre y cuando sea a corto plazo.

Nuestra sociedad está acostumbrada a ocuparse de la punta del iceberg, tratando farmacológicamente las consecuencias fisiológicas del estrés. Se toman ansiolíticos, antidepresivos, hipertensivos, antiinflamatarios, corticoides, etc…pero poco se tiene en cuenta el historial psicosocial de las personas y poco se invierte en su prevención. En una sociedad tan compleja como la nuestra es fundamental encargarse de los factores que mantienen esta problemática, provomiendo estilos de vida saludables y enseñando estrategias de afrontamiento al estrés, dentro del un marco más amplio que de posibilidad a que desarrollemos nuestra “inteligencia emocional”.

El exceso de medicalización de la vida ha hecho que cada vez más parezca que lo fisiológico y lo emocional caminan por rutas divergentes. Las emociones no son dañinas, son reacciones adaptativas y naturales. El miedo, la ansiedad, la ira, el amor, la alegría, producen consecuencias fisiológicas y conductuales, que nos preparan para acercarnos, defendernos, huir…Las emociones negativas se han desnaturalizado, asociándolas a etiquetas de debilidad, anormalidad o enfermedad...Todo esto se relaciona con nuestra percepción de “vulnerabilidad e imperfección”. Cuando tenemos sentimientos negativos que desembocan en emociones negativas se nos ha inculcado que, tanto percibirlos como manifestarlos, es algo indadecuado, ya que muestra nuestra vulnerabilidad e “incopetencia” y por tanto nuestra imperfección.

Si lo analizamos desde una perspectiva de género, la sociedad patriarcal que se empecina en presentar lo masculino como asociado a lo adecuado, inculca un aprendizaje a los varones a través de los roles de género, enseñandoles a reprimir, evitar, anular las emociones negativas, por asociarlas a la vulnerabilidad. Frases como “los niños no lloran”, “quejarse es de chicas”, “lloras como una nenaza”, “los chicos deben ser fuertes y valientes”, etc…les enseñan a desconectarse de las emociones negativas y por tanto genera desajustes personales en relación a su entorno, desconexión emocional. Ante esto, cuando se sientan vulnerables tenderan a disfrazar sus emociones con actitudes defensivas, que persiguen mostrar su fortaleza con conductas cada vez más agresivas.

En el caso de las mujeres, se nos educa, en el mundo emocional. Y pese a que esto pueda verse como algo positivo, no lo es tanto al hacerlo con la coletilla de que lo emocional es muestra de “nuestra debilidad y vulnerabilidad”. Frases como “las chicas sois todas muy sensibles, susceptibles, histéricas, etc…”, vuelven a acuñar tintes de “anormalidad”, entre otras cuestiones,  respecto a las emociones sobre todo negativas.

El contexto social en el que vivimos actualente es competitivo, lo que hace que nuestras relaciones personales, laborales, sociales, se basen en luchas de poder, en las que realizamos catalogaciones dicotómicas: ganar frente a perder, malo frente a bueno, lo masculino frente a lo femenino, lo normal frente anormal…Sin embargo, cada vez se habla más de la inteligencia emocional, como una capacidad a desarrollar para relacionarnos de un mejor modo en todos los contextos.

Todo ser humano, hombre o mujer, posee neocortex y sistema límbico. Si lo poseemos es porque es necesario. El saberse vulnerable puede ser básico, como seres mortales que somos, nadie es invencible, pese a las fantasías sociales asociadas a “los superhéroes” y la inmortalidad. No estamos mal diseñad@s…si en nuestra cultura de repente se propagase la idea de que tener “manos no es normal” y que eso nos vuelve vulnerables y débiles, imagino a más de una persona amputandoselas de inmediato, escondiéndolas o negándolas cuando alguien las señala y respondiendo: “Tú estas loc@, ves cosas donde no las hay….” Si vemos la funcionalidad de tener manos, nuestro reto social es ahora conocer nuestras emociones y qué nos están señalando, para aprender a gestionarlas y tomar las decisiones más ajustadas a cada situación, porque de esas decisiones dependerá nuestro bienestar.

Cuestionar lo que se impone como “normal”, es algo fundamental. Lo normal es aquello que se ajusta a la norma, producto de lo que se da con mayor habitualidad, lo cual no quiere decir que sea lo más “sano, adecuado y ajustado”, simplemente lo habitual, y eso es algo que a lo largo de la historia de la humanidad ha ido cobrando múltiples significados. La inteligencia emocional es, por tanto, nuestra asignatura pendiente y si invertimos en su aprendizaje nuestras relaciones de amistad, pareja, famila, sociales se verán muy beneficiadas, conectándonos como seres humanos (empatía) y beneficiando la cooperación en la resolución de las dificultades que a todo ser que se sabe vulnerable se le presentan en la vida.