Estilos educativos parentales: ¿Cuál escoger?

El consejo de Europa ha definido el enfoque de la parentalidad positiva como “el comportamiento de padres y madres fundamentado en el interés superior de l@s niñ@s, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan su pleno desarrollo “. Un comportamiento parental positivo se rige por los siguientes principios:

  • Respeto hacia las necesidades específicas de los niños y niñas.
  • Fortalecimiento de los vínculos afectivos seguros.
  • Resolución de conflictos no violenta.

La forma en que cada familia educa a sus hijos e hijas está ligada a aspectos muy diversos. Al margen de esta gran variabilidad, existen diferentes clasificaciones que pueden resultar útiles para identificar las tendencias predominantes en la crianza e ilustrar sus consecuencas en el  desarrollo psicosocial, cognitivo y emocional de niños y niñas.

El estilo de crianza condiciona en gran medida el tipo de relación y la comunicación que se establece entre l@s progenitor@s y sus hijos e hijas, por ello es importante, que padres y madres tomen conciencia de su forma de interactuar, guiar y responder a sus demandas. Los pilares básicos en los que se basa esta tarea son:

  • Afecto y comunicación: con esto nos referimos a establecer una buena comunicación y hacer que se sientan querid@s y cuidad@s.
  • Normas y límites: supervisar su conducta y poner límites adecuados a su edad.
  • Autonomía: promover el comportamiento independiente y responsable.

La combinación de estos pilares tiene como resultado diferentes estilos educativos de crianza:

  1. Autoritario: “Las cosas se hacen así porque lo digo yo”, “hasta que vivas en mi casa, se hace lo que yo digo”. Para los padres y las madres que tienden hacia este estilo de crianza, la obediencia absoluta y sin cuestionamientos de sus hijos e hijas es sinónimo de buen comportamiento. Por el contrario la desobediencia, sin entrar a explorar los motivos, se percibe como un desafío a la autoridad del padre o la madre. Se espera que el niño o niña acate órdenes y el diálogo es inexistente. Se muestran como padres y madres poco afectuos@s, con bajos niveles de comunicación con sus hij@s, imponen normas y límites, con la intención de controlar de forma rígida su comportamiento.
  2. Permisivo: “Déjale, tampoco es para tanto”. Se caracteriza por un comportamiento exento de límites y normas, o éstas no son consistentes. Los padres y madres afines a este estilo suelen atribuir a l@s demás el mal comportamiento de sus hij@s y ceden a sus deseos para evitar que tengan que lidiar con la frustración que provoca una negativa. Son afectuosos, pero no plantean límites cuando se manifesta una conducta inapropiada, por lo que hay un bajo control del comportamiento de l@s hij@s, aunque presentan un nivel elevado de comunicación con ell@s.
  3. Sobreprotector: “Este/a niño/a no puede hacer nada sólo/a, siempre hay que decirle lo que tiene que hacer”. Suele ser ejercido por padres y madres excesivamente vigilantes, insegur@s y temeros@s; intervienen precipitadamente para evitar cualquier obstáculo que pueda hacer errar o fallar a sus hij@s; hacen cosas por ell@s y toman todas las decisiones en su lugar. Este estilo de crianza transmite que el mundo es un lugar amenazante y que por sí mism@s no serán capaces de superar las dificultades.
  4. Negligente: “Puede cuidarse sólo/a, desde muy pequeñ@ siempre ha sido muy responsable”. Este tipo de crianza se asocia a la ausencia de límites y de contención. No existe calidez, ni comunicación por parte de los padres y madres hacia los hijos e hijas. En este caso, l@s cuidadores no pueden o no cuentan con capacidades parentales para guiar o atender las necesidades del niño o la niña, son ausentes y no muestran compromiso en su crianza.
  5. Democrático: “Escuchar, dialogar y orientar”. L@s cuidador@s que aplican este estilo estimulan la autonomía de sus hij@s y les ayudan a reflexionar sobre las consecuencias de su comportamiento, condición indispensable para que desarrollen la capacidad de autorregulación. Para ello, ofrencen pautas y límites razonables, claros y son sensibles a los sentimientos de sus hij@s.  Las normas y límites suelen ser explicados  y justificados de forma razonable a las diferentes edades y necesidades de sus hij@s. Orientan su comportamiento mediante el uso del refuerzo positivo y les ofrecen la opción de reparar los errores, en lugar de castigarles o concentrarse en la mala conducta. Son muy afectuosos y mantienen elevados niveles de comunicación.
  6. Parentalidad positiva: “conocer, comprender y responder adecuadamente a las necesidades del niño o niña”. Este enfoque reune un repertorio de habilidades parentales similar al estilo democrático, haciendo especial hincapié en el conocimiento de sus necesidades reales. El aspecto central de este estilo consiste en velar por un desarrollo adecuado a nivel físico, emocional, social e intelectual del niño o niña. Educar en positivo y desde el buen trato implica guiar a l@s hij@s con límites y normas consistentes, con mucho afecto, sin recurrir a ninguna forma de violencia (gritos, humillaciones o cachetes) y potenciar al máximo sus capacidades. Requiere por parte de l@s adult@s grandes dosis de responsabilidad, paciencia y flexibilidad para adaptarse a los cambios relacionados con la paternidad y maternidad.

Cualquiera de los estilos de crianza que se sitúen en los extremos de los siguientes parámetros: flexibilidad (autoritario vs permisivo) y protección (sobreprotector vs negligente) impiden el desarrollo adecuado de los niños y niñas y estas son sus principales consecuencias:

  • Autoritario: Genera en los niños y niñas sentimientos de impotencia y rabia, ya que no pueden defenderse u opinar sobre las cuesiones que le afectan. Conlleva que los niños y niñas opten por la sumisión y la falta de implicación respecto a lo que ocurre a su alrededor, o por el contrario, muestren una conducta rebelde y huidiza. Puede producirles también problemas emocionales, baja autoestima y depresión.
  • Permisivo: Crea en el niño o niña una imagen distorsionada de cómo funciona el mundo que le rodea y le aleja de valores necesarios para convivir en una sociedad justa. Pueden llegar a ser personas exigentes con l@s demás, pero no cuestionar su propia conducta y actitudes por la falta de límites en su crianza. Suelen presentar baja tolerancia a la frustración, lo que provoca un intenso sufrimiento emocional cuando no consiguen lo que desean, por lo que pueden presentar dificultades para controlar sus impulsos.
  • Negligente: L@s niñ@s pueden estar expuestos a situaciones peligrosas porque no cuentan con la supervisión o el apoyo necesario de su padre o madre. Son niños y niñas que presentan problemas de autorregulación emocional, elevada intolerancia a la frustración, y problemas de autocontrol (impulsividad, conductas disruptivas, etc…). Esto tiene implicaciones muy negativas en su desarrollo social, sobre todo a la hora de seguir normas en la escuela y en la relación con otr@s niñ@s. Al considerar que no son importantes para sus padres y madres, presentan también una baja autoestima.
  • Sobreprotector: Son niños y niñas que pueden presentar muchas dificultades para resolver problemas por sí mism@s. Para ell@s las situaciones nuevas o los retos son un foco de gran ansiedad porque no se sienten preparados para enfrentarse a ell@s, lo cual daña seriamente su autoestima a largo plazo. No conocen sus fortalezas y límites. Entre las figuras vinculares y sus hijos e hijas existe una dependencia excesiva, muy perjudicial para el desarrollo de su autonomía.

Puesto que el estilo democrático  y la parentalidad positiva han demostrado tener las mejores consecuencias a nivel educativo, podemos poner en práctica los siguientes consejos para adoptar alguno de estos modelos:

Para mejorar el afecto y la comunicación:

  1. Escuchar lo que dice y dejarle terminar de hablar.
  2. No criticar, no juzgar y no culpabilizar.
  3. No darle lecciones.
  4. Dar importancia a lo que te dice.
  5. Enseñarle a comunicar sus sentimientos.
  6. Manejar nuestros impulsos.
  7. Demostrarle nuestro afecto.
  8. Conocer a sus amistades.

Para la supervisión, establecimiento de normas y límites claros y coherentes:

  1. Los motivos que justifiquen las normas han de ser claros.
  2. Han de ser normas breves y fáciles de recordar.
  3. Deben referirse a conductas concretas, en momentos concretos.
  4. Las normas deben poder cumplirse con facilidad.
  5. L@s hij@s deben conocer las consecuencias de incumplir una norma.
  6. Las consecuencias deben ser fáciles de aplicar y tener un valor de premio (en positivo).
  7. Deben de ser razonables y adecuadas a su edad.
  8. Deben hablarse, darse explicaciones, fijarlas de antemano. Para ello llevamos a cabo tres pasos: primero se habla, después se recuerda y hay consecuencias si no se cumple.
  9. Cuando mayor sea su edad más tendremos que negociar las normas.
  10. Es necesario mantener una actitud tranquila y controlada ante las rabietas y protestas.
  11. La pareja ha de ser consistente en las normas y su aplicación.
  12. Las normas deben ir en consonacia con nuestro propio comportamiento y ejemplo. Somos modelos para nuestr@s hij@s.

Para el fomento de la autonomía:

  1. Estimular la responsabilidad, dejarles que reflexionen sobre su comportamiento, dificultades y propongan soluciones.
  2. Permitir que ponga en marcha las soluciones y cometa errores, asuma sus consecuencias, mostrando nuestro apoyo.
  3. Enseñar a l@s más pequeñ@s acciones que pueden realizar por sí mism@s: vestirse, lavarse, etc e ir poco a poco disminuyendo nuestra ayuda.
  4. Permitir a medida que va creciendo que tome decisiones que le conciernen, supervisando que no le pongan en ningún peligro importante para su integridad física.
  5. Celebrar los éxitos y apoyar en los fracasos.
  6. Respetar su grado actual de capacidades y estimularle desde ahí a que se fije metas y objetivos.
  7. Respetar sus gustos, dejar que ordenen y desordenen sus espacios personales.
  8. Permitir que opine.